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Propósitos de año nuevo

En año nuevo solemos hacer propósitos que, a veces, no mantenemos

Cada año empezamos con energía renovada y repetimos: “este año…”. Cada uno sigue la frase con sus propósitos para el año que comienza con la decisión y el deseo de que, esta vez sí, logremos cumplirlos. Es una pena que este gran potencial de cambio quede, con el tiempo, en un nuevo fracaso que reintentar el año que viene, con los sentimientos negativos que ello conlleva. Sería estupendo que este año sí consiguiéramos nuestros objetivos.
Existen una serie de recomendaciones prácticas que facilitan que lo logremos:

Metas realistas y alcanzables

En primer lugar, debemos concentrarnos en pocos objetivos, ya que corremos el riesgo de diluir nuestras fuerzas entre ellos si son demasiados, muchos de los cuales, además, serán menos importantes y menos motivantes. Sencillamente, “quien mucho abarca, poco aprieta”.
Por otro lado, los objetivos en sí mismos deben ser realistas, deben ser cosas que razonablemente pensemos que podemos conseguir en nuestra situación y con nuestras posibilidades actuales.

Metas específicas y concretas

Para empezar, debemos visualizar el resultado mentalmente. Imaginar cómo será nuestra vida una vez alcanzado el objetivo. Este ejercicio simple es muy reforzante porque supone una meta más clara y definida y nos acerca de antemano al objetivo.
Debemos concretar nuestro propósito para que guíe nuestros esfuerzos y seamos conscientes de si estamos en el buen camino o si estamos empezando a desfallecer. Además, de esta manera podremos comprobar fácilmente si hemos conseguido o no la meta.
En vez de la meta “ponerme en forma”, establecer esta otra: “iré al gimnasio los martes y jueves de 20:00 a 21:00”.
La tarea de concretar puede implicar dividir el objetivo en submetas como pasos para llegar al final.
Los objetivos deben ser expresados en positivo: “quiero comer sano”, en vez de “no quiero comer mal”.

Convencerse

Aunque estos objetivos son deseados por nosotros, no está de más que hagamos una lista con los beneficios de alcanzarlos. En un momento de duda o recaída podemos releer esta lista y recuperar la motivación.

Premiar el esfuerzo

Es muy bueno que nos obsequiemos con algún premio por acercarnos a la meta, realizar correctamente las tareas, conseguir submetas, etc. Porque esto nos motiva a seguir esforzándonos y hace más agradable el propio camino a la meta.
Además, es la justa recompensa porque estamos realizando un esfuerzo y los estamos consiguiendo.

Ser tolerantes

Los objetivos que nos hemos marcado son, por lo general, difíciles de alcanzar o requieren tiempo o esfuerzo, al menos. Por lo tanto, es absolutamente normal, que, en algún momento incumplamos el plan, nos de pereza, recaigamos en los hábitos que queríamos erradicar…

Esto no es ningún desastre; no debemos rechazar todo el esfuerzo invertido y dejar de lado el objetivo. Hay que volver al camino que iniciamos con energía renovada sin darle mayor importancia. Se necesita un tiempo para convertir en hábito una conducta nueva que previamente no teníamos en nuestro repertorio. Pero incluso ya instaurado, no tiene mayor importancia que, por ejemplo, no vayamos al gimnasio el jueves. El martes retomamos la rutina y se acabó. Sí es interesante que reflexionemos acerca de la situación para, quizás, poder evitar en el futuro un paso atrás.

No obstante, debemos erradicar los sentimientos negativos derivados de un traspiés (culpa, ansiedad, baja autoestima…). Hemos elegido realizar un cambio y eso es importante, difícil y loable. Es humano y normal que el camino hasta la meta no sea uniforme y tengamos algún retroceso. Si esto ocurre, recuperaremos la elección que hicimos y la actualizaremos (hoy vuelvo a hacer la misma elección) y seguiremos disfrutando los mismos sentimientos positivos que en el primer momento en que adoptamos nuestro propósito.

Disfrutar el proceso

Debemos centrar nuestra atención en el momento presente y disfrutar de lo que nos rodea y de las cosas que estamos haciendo. Esta recomendación se aplica a toda nuestra vida. Muchas veces, estos propósitos son cosas que nos cuestan o que no nos gustan pero nos son convenientes por algún motivo. Aun siendo esto así (quizás no llegaremos a amar el footing), debemos centrarnos en cualquier aspecto positivo (rutina, sensación de eficacia, bienestar, contacto social…) y disfrutar de él. De esta forma, ayudaremos a que el nuevo hábito se instaure y sea más resistente en el tiempo, además de que, en definitiva, lo pasaremos mejor realizando la actividad.

No olvidarlos

Muchas veces dejamos aparcados los objetivos porque, sencillamente caen en el olvido. Nuestros objetivos se persiguen, idealmente, a través de una actividad rutinaria y periódica, de tal manera que es fácil de recordar y es necesario asignarle un tiempo determinado. De esta forma es mucho más sencillo mantener el compromiso y no olvidar la meta a alcanzar.

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