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Divorcio tras el verano

Se producen muchas separaciones después de vacaciones de verano debido a que salen a reducir problemas que quedan ocultos en el día a día

¿Es más habitual tomar la decisión de divorciarse al acabar las vacaciones que en otras épocas del año? Sí, y así lo demuestran las estadísticas.

¿Los motivos? Pasamos más tiempo seguido juntos que a lo largo del año. Y aunque pudiera ser lo deseado, acaba mostrando lo que, oculto tras las tareas diarias, hay en realidad en la pareja. Y muchas veces se descubre que ya no hay ilusión, diversión, ni ganas de estar con el otro; a veces ya no queda amor (o está sepultado por estas otras carencias).

A veces las obligaciones y falta de tiempo impiden dedicarse adecuadamente al otro (ni a uno mismo) y se pierde el interés o se generan rencores por ese distanciamiento. Esto puede derivar en actitudes peligrosas para la pareja que genere una espiral negativa.

Es fácil que, además, uno se fije en detalles y características que desagradan del otro que durante el invierno no se perciben tanto, aumentando la creencia de que ya nada nos une.

Generalmente en las vacaciones, por fin, se abordan problemas que el resto del año no se tocaban, ahora quizás más difíciles de resolver. Las discusiones aumentan cuando parece no haber entendimiento ni puntos comunes.

Todo esto induce a la sensación de que la pareja ya no funciona, de que ya no hay pareja. Y que la mejor opción es la ruptura.

Un terapeuta de pareja puede ayudar a evaluar la situación y mejorar las habilidades de comunicación y de afrontamiento de problemas, a resolver conflictos entre ambos y reducir el malestar y a centrarse en los aspectos positivos del otro incidiendo en la empatía, la flexibilidad y el respeto, para que cada uno pueda valorar adecuadamente el futuro de su pareja.

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