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Crisis económica y efectos psicológicos

Los problemas económicos pueden provocar mucho estrés

Asistimos actualmente a una situación de crisis económica de la que no terminamos de salir. Esta situación puede que te haya afectado a ti o a tu pareja, a algún familiar, a algún amigo o conocido…Y, aunque no haya ocurrido, puede que te sientas asustado e intranquilo por la posibilidad.

Se observa un aumento de consultas Psicológicas como resultado de la difícil situación laboral y los efectos negativos que conlleva. Los pacientes vienen aquejados de ansiedaddepresión, molestias digestivas o dolores musculares, problemas de pareja…de que lo haga.

 

Y es que una situación laboral complicada, tanto por desempleo o su amenaza como por precariedad, puede tener graves repercusiones en la salud mental:

  • Ansiedad por mantener el puesto a toda costa, por encontrar rápidamente uno nuevo, por pagar la hipoteca, recibos, colegio, etc… Eso, cuando no peligra la propiedad de nuestra vivienda…
  • Baja autoestima por haber perdido el empleo, lo que, a veces puede desembocar en depresión, problemas en la pareja por el ambiente de crispación y tensión, lo que también repercute en los hijos…

En definitiva, los efectos negativos son muchos y, por desgracia, cada vez más personas se ven afectadas de una u otra manera, directa o indirectamente. Un efecto que se observa es que la amenaza general ha llevado a mucha gente a cambiar sus hábitos: se restringe el ocio, se ahorra más, se buscan más actividades gratuitas, etc. En unos casos porque los ingresos han mermado y en otros “por si las moscas”.

Vamos a enumerar unos consejos para mitigar los efectos negativos de la crisis:

  • Sé realista: evalúa la situación racionalmente y evita las exageraciones y los supuestos funestos. Normalmente nos asustamos más por los males imaginados que por la realidad.
  • Pregúntate qué recursos dispones en tu vida: trabajo, familia, amigos, salud, formación, motivación… A veces, aquejados por un mal, perdemos la perspectiva y nos olvidamos de todo aquello que conservamos. Es bueno, de vez en cuando, recordar lo que tenemos.
  • Busca opciones para suavizar  el gasto: ahorro en lo superfluo, actividades gratuitas, ocio alternativo, rebajar expectativas… Este es un cambio que a muchas personas les cuesta realizar, pero, a la postre, puede suponer un importante ahorro. Estamos acostumbrados a unas actividades, gastos, que quizás ahora resulta difícil (o imposible) mantener. Hay que saber adaptarse a la situación con naturalidad. La situación es la que es, y ni nuestra familia ni nuestros amigos van a cambiar su imagen de nosotros. La vergüenza por afrontar este cambio puede someternos a un grave estrés, además de las obvias consecuencias peligrosas que puede tener para nuestra economía.
  • Relaciónate: el apoyo de familia y amigos es muy saludable, ayuda a ver la situación desde otros puntos de vista y proporciona comprensión y soporte emocional.
  • Reserva tiempo para el ocio: seguro que puedes disponer de algún tiempo para hacer cosas que te gustan. Es muy recomendable disfrutar con alguna actividad; repercute positivamente en nuestro ánimo, en nuestra percepción de la situación y en nuestra capacidad para abordar los problemas. Aquí puede caber el deporte, quedar con amigos, aficiones, conocer sitios, etc. En algunos casos habrá que ahorrar gasto en este apartado, pero seguro que hay alternativas más económicas que nos posibilitan continuar con nuestras actividades.
  • Duerme lo suficiente, come bien y haz deporte.

Cuando se atraviesa una situación difícil (desempleo, precariedad…) es importante hacer acopio de fuerzas y poner en marcha los recursos a nuestra disposición, tanto sociales (familia, amigos), institucionales (ayudas), como psicológicos (entereza). Si necesitas ayuda, pídela; no es bueno mantener una apariencia de normalidad por miedo o vergüenza. Por otro lado, es bueno comunicar  a los hijos los cambios en la familia de manera natural, en función de lo notables que sean y de la edad de los hijos. Así, les enseñamos a ser francos, a priorizar valores y a adaptarse.

Si has perdido el empleo o la situación económica de tu familia ha empeorado, si tenéis que renunciar a ciertas cosas… no te sientas culpable. La crisis actual no discrimina: cierre de empresas, recortes de personal, precariedad, menos ventas, rebaja de salarios… Tú no has podido hacer nada para evitarlo, no eres responsable de tu situación laboral actual. Haz lo que puedas para mantener tu empleo o para encontrarlo, si es el caso, pero no te castigues. No eres menos capaz ni menos valioso: sigues siendo el mismo.

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