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Chantaje Emocional

persona atada por hilos invisibles de manipulación

¿Qué es?

 

El chantaje emocional es una petición en la que se responsabiliza al otro de cómo se va a sentir quien pide, haciendo incapié en las emociones negativas que tendrá si no se atiende su petición. Estas emociones muchas veces son exageradas, tergiversadas o directamente falsas.

Para no caer en estas trampas lo primero es darnos cuenta de qué es y de que la otra persona lo está usando con nosotr@s, lo sepa o no. Porque no todas las personas que usan este tipo de manipulación lo hacen conscientemente, ni mucho menos con mala intención. Mucha gente lo ha aprendido a usar sin darse cuenta de que tiene consecuencias negativas para quien lo recibe. Es un recurso que se vuelve a usar porque da resultados, porque le sirve a sus propósitos y no atiende a los efectos en la otra persona.

Las emociones como moneda de cambio.

 

Porque en el chantaje emocional se están priorizando las emociones de quien lo hace, ignorando o minimizando las de la otra persona. Se pone el énfasis en el malestar que le genera no obtener lo que pide, y hace responsable a la otra persona de resolverlo, accediendo. O puede poner el énfasis en el bienestar que le produciría obtener lo que pide, en la importancia que tiene que se le dé.

Es decir, en marcar la diferencia que le supondría a nivel emocional conseguir lo que pide o no, y que ese beneficio o perjuicio depende del/a otro/a.

Pero no se plantea cómo se sienten los demás al concederle sus peticiones, cómo les afecta, lo que les cuesta y les supone. Y lo curioso es que, al ceder al chantaje, quienes dan tampoco están valorando sus emociones y las consecuencias de ceder.

¿Por qué funciona esta manipulación?

 

El chantaje funciona y se repite porque cedemos, porque lo permitimos. Y ocurre porque no nos damos cuenta de que hemos entrado en ese juego donde se prioriza sólo al otro o, si nos damos cuenta, lo ignoramos. ¿Y por qué?

Porque de manera natural, en cualquier relación, las cesiones son positivas y necesarias para el funcionamiento de esa asociación de personas. Y como nos consta que es algo saludable no nos percatamos de que se está malversando el concepto ceder y conceder. En el chantaje emocional ya no es un trato bueno para ambas partes, ya no es una relación equitativa (importan más las necesidades de quien chantajea) y ya no es un ratio equilibrado donde unas veces cede una persona y otras la otra.

Y, además, se está priorizando la repercusión emocional en el chantajista, por encima de otras razones que a veces son de más peso. Porque las emociones vienen determinadas por cómo se valora lo que sucede, y si se plantea la situación erróneamente, ignorando elementos importantes o restándole importancia, las emociones que surgen no son las que en verdad corresponderían. Pero actuamos para aliviar esas emociones de malestar o conseguir las agradables expuestas, y no nos planteamos si pueden ser correctas o exageradas, o incluso impostadas. Si lo que el chantajista dice que va a sentir no fuera tan grave, posiblemente no nos costaría tanto negarnos ante algo que no nos viene bien ceder o que creemos injusto.

¿A qué emociones alude el chantajista?

 

Al dolor, pena, decepción, malestar, miedo, y perjuicios prácticos que sufrirá si no le das lo que te pide. Y suele ser una petición que requiere de inmediatez en su concesión y repetirse con frecuencia este tipo de peticiones.

Y suscita emociones en la otra persona que ya tiene muy a flor de piel, por sus características psicológicas, como baja autoestima: culpa, miedo y exceso de responsabilidad. El chantajista suele ser poco claro, de forma que el otro interpreta la amenaza en relación a sus propias vulnerabilidades.

¿Quién usa y quién cede al chantaje emocional?

 

Algunas manipulaciones son intencionadas, otras no. No todos los chantajistas son conscientes del efecto negativo que supone para los demás, sólo lo hacen porque funciona, sirve a sus propósitos y no se cuestionan consecuencias en los demás. Muchas veces son personas con baja autoestima, que se sienten víctimas de otros o de las circunstancias y que creen que se les debe algo, y para dar más énfasis aluden a sus emociones, haciendo responsable al otro de ellas.

Sin entrar a valorar si los chantajistas se creen sinceramente sus argumentos emocionales para convencernos, si saben que es una exageración de lo que verdaderamente sienten, o directamente engañan con intención, lo importante es que los demás sepamos distinguir que no se está valorando adecuadamente lo que va a pasar (a nivel pragmático y emocional) si cedemos o si no. Es necesario darnos cuenta de que sólo se está enfocando en las necesidades del chantajista.

Si la persona que usa el chantaje emocional está ignorando nuestras necesidades y nuestra importancia, no significa que no la tengamos. Es necesario que cada uno sepa que vale y es importante con independencia de que otras personas lo consideren así o no. No podemos olvidar esto porque, si no, estamos ayudando al chantajista a mantener su falta de empatía, al minimizar nosotr@s mism@s cómo nos afecta su conducta, palabras y chantaje. Le seguimos el juego al centrarnos en lo que le sucede a él/ella, y cómo se va a sentir por nuestra actuación.

También hay veces que cedemos ante el temor de dañar a otros cuando estos ni siquiera lo han mencionado, ni han pedido nada, ni usan chantaje emocional. Es la persona que da la que se siente responsable de las emociones y del bienestar del otro, y no le deja asumir emociones negativas, “salvándole”, sin necesidad de petición previa. Esto sucede por la inseguridad de quien concede, ignorando las emociones propias. Muchas veces, estas personas han crecido en un entorno de chantaje emocional y por eso son tendentes a anticiparse a las peticiones ajenas o son rápidos en ceder al chantaje y no perciben estar siendo manipulados porque lo han normalizado desde la infancia.

¿Por qué cedemos al Chantaje Emocional?

 

  1. Creemos, tal como nos dice, que somos los responsables directos de cómo se siente. Y no percibimos, o ignoramos, que son exageraciones de lo que realmente pueda estar sintiendo. Alude a nuestra necesidad de sentirnos importantes, de que nuestros actos impactan, suponen una diferencia (que es la única manera en que nos da importancia el chantajista, ya que cómo nos afecta a los demás a nivel emocional, los costes prácticos de ceder y si es una cesión sincera o por otros motivos, no le ha importado, con tal de conseguir su objetivo).
  2. La otra persona nos importa y queremos complacerla, queremos recibir su aprobación o evitar su rechazo. El error está en creer que se va a retirar el afecto por no ceder a un deseo menor. Caemos en lo que nos sugiere el chantajista, y es en inflar la importancia para él/ella y en la relación. Aceptamos la amenaza implícita (a veces es totalmente explícita, pues en el chantaje emocional hay niveles) de que nuestra negativa afectará a la relación, será muy relevante y será culpa nuestra.
  3. Ignoramos las repercusiones de esa cesión en nosotr@s, sólo atendemos a las de la persona que chantajea. De tal manera que si nosotros no sentimos ni nos afecta de manera práctica conceder su petición, dejamos de tener motivos para negarnos. Sólo estamos valorando cómo afectará a quien pide. Pero somo personas y tenemos importancia, y nuestro tiempo, necesidades y emociones también son importantes.
  4. Queremos evitar una discusión, tememos el enfrentamiento y nos parece más costoso que ceder. Lo que nos decimos a nosotr@s mism@s para acceder a la petición que no querríamos ceder, es que es más fácil y rápido conceder que negarse. Que nos supone menos malestar y molestias. Pero es un autoengaño. Porque estamos omitiendo las repercusiones a medio y largo plazo, sólo estamos valorando lo que nos va a suponer inmediatamente ceder o no.

Así sólo observamos costes: enfado e insistencia de la otra persona, tiempo y desgaste emocional de discusión o intento de que entienda nuestra postura al negarnos, sentirnos culpables por decepcionar las expectativas y por el malestar emocional que dice sentir por nuestra negativa. Y gastar nuestro tiempo y energía en complacer su petición nos parece un precio menor que el de enfrentarnos.

Ignoramos las repercusiones a largo plazo de mantenernos en estas cesiones a chantajes por largo tiempo: basar la relación en sus emociones, dándole un poder y un desequilibrio que no favorece la confianza en el vínculo ni permite comportarnos con naturalidad y siendo quienes somos.

Porque lo único que queremos evitar es sentir culpa por no ceder a la petición tan importante, frente a algo que, nos decimos, no nos cuesta tanto conceder.

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¿Cómo no ceder ante el chantaje emocional?

 

Hay que buscar un equilibrio entre lo que damos y lo que necesitamos. Entre complacer y complacernos. Y ser más ajustad@s y realistas al valorar cómo afectan los actos de l@s demás, porque si cualquier acción hace peligrar la relación vivimos con un miedo continuo que nos hará actuar en nuestra contra sin ser necesario. Las relaciones son más fuertes, se basan en un equilibrio entre las partes y aguantan ciertas pequeñas frustraciones porque se basan en algo más que complacer continuamente.

Hay que usar bien el lenguaje emocional para no llevar a errores peligrosos: frustrar un deseo puntual no es herir de muerte la relación; negarse a algo que nos parece inadecuado no es desafiar; negarse a una petición no significa que nunca más se harán cesiones, de igual manera que ceder en algo no compromete a no poder negarse ya nunca más. Estar molesto por una frustración de un deseo no significa dejar de querer a quien no ha concedido esa petición. Pequeños inconvenientes inherentes a no recibir eso que pedimos, no supone un daño mayor. Y valorar los pros y contras para ambas partes no significa no querer a quien pide, no querer complacer incluso, ni mucho menos querer dañar intencionadamente. Significa que en la balanza son más los motivos para no ceder, aunque supongan algún perjuicio.

Querer a alguien y pretender su bienestar no puede suponer ignorar el autocuidado, el valorar el propio bienestar y quererse también a un@ mism@. Complacer y conceder es saludable mientras no dañe, no a cualquier precio.

Trabajar la asertividad y la mejora de la autoestima son claves para protegernos de chantajes emocionales. Aprender a distinguir peticiones adecuadas y chantajes emocionales  y eliminar las creencias erróneas que nos conducen a ceder a pesar del perjuicio propio, aprender a decir No sin sentirnos culpables.

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